El hombre primitivo, corria peligro, la muerte lo acechaba, a las fieras el temía, pero sucedió algo inaudito, el hombre empezó a usar extenciones de su cuerpo, pensó, aun así en constante alerta se encontraba, las hojas caían, las lluvias pasaban, las estaciones se sucedían y el avanzaba, pero acaso la naturaleza en la direccion correcta fue, su cerebreo de tamaño aumento, su complejidad a su vez creció, ya no solo pensaba en correr y arrancar, sino que ahora pensaba en establecerse, así, sembraba la semilla de lo que una ciudad sería, las épocas pasaron y solo en detalles evolucionó, pero uno, un gran detalle la madre olvido concederle al hijo, los ojos parpados tenían, el olfato debil ya era, la boca cerrada podía estar, y el tacto con el tiempo se adormecía, y el oído, mmm el oído, el pobre nada tenía, maldigo a la evolución que no creó una puerta al silencio, maldigo al hombre, que astuto se puso y empezó a crecer y a crecer, y su ser de gran complejidad se hizo, maldigo al hombre moderno que ha hecho del ruido parte íntegra de su urbe, maldigo a la selección natural y maldigo a la naturaleza por no brindarnos la herramienta fundamental para escuchar al gigante… el silencio.
neodumas.
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